
¿Encontraría
a la Maga? Tantas veces me había bastado
asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti…
Julio CORTÁZAR, Rayuela.
Hay casualidades que no deben obviarse porque, de hacerlo, la vida se encargará de ponerlas frente a nosotros tantas veces que, por cotidianas, pasarán para siempre inadvertidas. Y es por esto que no quiero dejar pasar la oportunidad de contar que conocí a Paco Conti hace casi un par de décadas cuando, siendo un poco más joven, leí Rayuela. Es más, puedo decir sin temor a equivocarme que las mujeres que Paco nos muestra en esta colección las vi cuando, principiando la novela, Cortázar describe a la Maga:
Y
era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente,
entrar en su
delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa,
convencida como
yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas,…
Pero hay algo más que casualidad
en todo esto. Al igual que sucede en Rayuela, donde los límites
se diluyen
dando rienda suelta a la imaginación, la colección que
Paco nos presenta está
permanentemente cuestionando límites. Las mujeres de Conti parecen encontrarse en esa fina
frontera que existe
entre el estar y el ir. Como si no hubiera días suficientes,
parecen posar para
ser pintadas justo antes de desaparecer para siempre. Mujeres que se
escapan
dejando un paisaje azul o amarillo con tonos y manchas que
insinúan humos y
veneraciones. Mujeres frías con pelo de plata y rodeadas de
blancos, como
bosques de hielo que se deshicieran; o cálidas, con frutos rojos
y naranjas.
Mujeres que se esconden detrás de ropajes barrocos o que se
pierden hasta
quedar sólo el color.
Y cuando
llega el color aparece la belleza como frontera entre lo visible y lo
invisible. Por eso es fácil ver figuras que desaparecen y
manchas que se
convierten en objetos. Este ir y venir entre lo visible y lo invisible
es un
juego al que Conti cada vez nos tiene más acostumbrados y del
que casi siempre
sale ganador.
No
quisiera cerrar estas palabras sin poner de manifiesto otra de las
fronteras
que Paco superó y a la que nos reta con esta colección:
el hombre que pinta mujeres
y las viste de belleza y de verdad es hombre en femenino. Corren buenos
tiempos
para reinventarse desde la casualidad y quizá esta sea una buena
oportunidad
para hacerlo.



